Blog de la clase de Primero del CEIP Juan XXIII, de Castilleja de la Cuesta (Sevilla). 2015/2016

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Un toque de atención a tiempo.

Acabamos de entrar en el ecuador del curso. Justo en la mitad. Todavía nos quedan muchas cosas que aprender. Muchas cosas que disfrutar. Muchas cosas que demostrar.

Sería un error pensar que ya está todo hecho. También sería un error pensar que no merece la pena seguir mejorando y seguir batallando, en el buen sentido de la palabra, con nuestros hijos. Sería un error pensar que los niños ya no necesitan que se les recuerden las mismas cosas.

¿A cuénto de qué viene todo lo anterior? Pues resulta que a estas alturas ya los conozco estupendamente y nada más verlos en la fila ya sé si se han levantado bien, si han desayunado adecuadamente, o si vienen con las pilas cargadas o descargadas. Hoy también lo supe. Y desgraciadamente se cumplieron mis peores presagios. Así se lo comenté a la profesora de PT cuando entramos a las nueve y así se lo he recordado a la hora de irnos.

Ya he escrito varios posts en esta misma línea. En la línea de un apoyo constante por parte de todos los padres. Apoyo que incluya tanto el trabajo escolar, como los buenos hábitos tanto de conducta como de orden. Sería muy fácil convocar una reunión de todos los padres para tratar este tema. Pero da la casualidad de que se ha repetido en varias ocasiones que después de asambleas, empeora el comportamiento. Y no digamos de las reuniones personales los martes en tutoría. ¿Que a qué es debido? Pues ni idea. Solo sé que el trabajo debe ser común, diario, constante, sin desánimo, sin dejarles pasar una y hablando constantemente con ellos.

Desgraciadamente el identificar un problema no es sinónimo de solucionar el problema. Y eso ocurre en nuestra clase. Sabemos el problema que hay, pero no se llega a solucionar como deseáramos.

Desde estas líneas, os pido nuevamente todo el apoyo posible para llevar a cabo la tarea que nos une a vosotros y los profesores, que no es la de aprobar o suspender exámenes o evaluaciones, no, ni mucho menos. Nuestra tarea es mucho más amplia y bonita. La de educar a niños y niñas.

“Estamos aquí para ser felices”

¿Quién podría haber dicho estas palabras  del título de este post? ¿En qué lugar se habrán dicho? ¿A quién se habrá dirigido quien las haya dicho? ¿Podemos nosotros utilizarlas para nuestro propio provecho?

Estamos hartos de ver tanta basura en nuestra televisión que apenas podemos imaginar un buen programa de televisión en el que se trate un buen tema, y que se emita a una buena hora que te permita verlo con la tranquilidad suficiente, y con la compañía adecuada para poderlo ir comentando.  ¿Estoy pidiendo mucho? Quizás, pero esa es la realidad.  ¿O no?

Es por lo anterior que me permito el lujo de insertar un programa de la televisión catalana (está subtitulado en castellano) que a mí me ha encantado. El programa dura aproximadamente una hora, por lo que os lo he dividido en cinco capítulos por si os cansáis y queréis verlo por partes. Para no desvelar nada del contenido sólo os digo una cosa:   me encanta ser un aprendiz de maestro.

Primera parte:

Segunda parte:

Tercera parte:

Cuarta parte:

Quinta parte:

Para irnos conociendo

Hace un tiempo,  llegó a mí una página web en el que un supuesto niño/a escribía una carta a sus padres diciéndoles lo que deberían y no deberían hacer con él.

Más allá de quién lo escribiera y más allá de si estamos completamente de acuerdo con dicho escrito o no, lo que sí creo interesante es su propia lectura y reflexión sobre cada uno de los puntos. Creo que en muchos de ellos hay una gran sabiduría escondida y son más difíciles de llevar a cabo de lo que cabría pensar. Lo dejo aquí y ya me contaréis…

No me des todo lo que te pida, a veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar.

No me grites, te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

No des siempre órdenes… Si en vez de órdenes, a veces, me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas… Si me prometes un premio dámelo, pero también si es castigo.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decídete y mantén esta decisión.

Déjame valerme por mí mismo, sí tu haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro, me harás sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

Cuando yo haga algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice, a veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en algo, admítelo. Crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

No me digas que haga una cosa que tú tu no haces, yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas, pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío no me digas: no tengo tiempo para boberías o eso no tiene importancia. Trata de comprenderme y ayudarme.

Y quiéreme, y dímelo, a mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Anónimo.

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