Blog de la clase de Primero del CEIP Juan XXIII, de Castilleja de la Cuesta (Sevilla). 2015/2016

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“Estamos aquí para ser felices”

¿Quién podría haber dicho estas palabras  del título de este post? ¿En qué lugar se habrán dicho? ¿A quién se habrá dirigido quien las haya dicho? ¿Podemos nosotros utilizarlas para nuestro propio provecho?

Estamos hartos de ver tanta basura en nuestra televisión que apenas podemos imaginar un buen programa de televisión en el que se trate un buen tema, y que se emita a una buena hora que te permita verlo con la tranquilidad suficiente, y con la compañía adecuada para poderlo ir comentando.  ¿Estoy pidiendo mucho? Quizás, pero esa es la realidad.  ¿O no?

Es por lo anterior que me permito el lujo de insertar un programa de la televisión catalana (está subtitulado en castellano) que a mí me ha encantado. El programa dura aproximadamente una hora, por lo que os lo he dividido en cinco capítulos por si os cansáis y queréis verlo por partes. Para no desvelar nada del contenido sólo os digo una cosa:   me encanta ser un aprendiz de maestro.

Primera parte:

Segunda parte:

Tercera parte:

Cuarta parte:

Quinta parte:

Para irnos conociendo

Hace un tiempo,  llegó a mí una página web en el que un supuesto niño/a escribía una carta a sus padres diciéndoles lo que deberían y no deberían hacer con él.

Más allá de quién lo escribiera y más allá de si estamos completamente de acuerdo con dicho escrito o no, lo que sí creo interesante es su propia lectura y reflexión sobre cada uno de los puntos. Creo que en muchos de ellos hay una gran sabiduría escondida y son más difíciles de llevar a cabo de lo que cabría pensar. Lo dejo aquí y ya me contaréis…

No me des todo lo que te pida, a veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar.

No me grites, te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

No des siempre órdenes… Si en vez de órdenes, a veces, me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas… Si me prometes un premio dámelo, pero también si es castigo.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decídete y mantén esta decisión.

Déjame valerme por mí mismo, sí tu haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro, me harás sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

Cuando yo haga algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice, a veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en algo, admítelo. Crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

No me digas que haga una cosa que tú tu no haces, yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas, pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío no me digas: no tengo tiempo para boberías o eso no tiene importancia. Trata de comprenderme y ayudarme.

Y quiéreme, y dímelo, a mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Anónimo.

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